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Soy galgo. La historia de un perro robado

 

Nací en un primaveral día de abril. Mis 6 hermanos y yo fuimos la primera y última camada de mi madre, ya que ella cazó hasta bien avanzada edad. Mis primeros recuerdos son cuando jugueteaba con mis hermanos en el corral. Me gustaba muy poco el pienso, prefería la carne y la leche que mi dueño nos ponía 2 o 3 veces al día. A los 3 meses empezamos a salir casi todos los días al campo. Corríamos detrás de todo lo que se movía, daba igual que fuera un pajarillo o una mariposa.  
Mi crianza fue muy buena. No tuve enfermedades. Estaba vacunado y desparasitado. Comía hasta hartarme y en el campo me sentía libre. Era querido por mi dueño el cual pasaba muchas horas con nosotros y siempre nos estaba acariciando y dando muestras de cariño. Nos tenía limpios y aseados.
Mi adolescencia fue muy parecida. Lo único que cambió fue la manera de salir al campo. Corríamos más que de cachorros, pero era algo que me gustaba porque me encantaba correr.
 
Mi vida cambió una mañana. Esta vez no iba al sitio de siempre, por primera vez tenía contacto con un día de caza. Vi muchos galgos con sus dueños y podía apreciar el nerviosismo que tenían por empezar. Estaba intrigado. Pero llegó el momento de saber para lo que había nacido. Mi hermano y yo estábamos adelantados, junto a mi dueño, del resto de personas y galgos. Al poco de empezar a andar escuché por primera vez : ¡Aquí está!. Los nervios se apoderaron de mí sin saber muy bien el por qué. Salió lo que ellos llaman "liebre" y despertó en mí una fuerza superior que me guiaba a perseguir. El instinto corría por mis venas. Mi vida desde aquel día no fue la misma. Me apasionaba correr. Aunque no atrapaba todas las liebres pese a que me esforzaba mucho, cuando lo hacía me sentía satisfecho, lleno, pletórico. Era algo que no podía explicar con palabras.  
Mi peor recuerdo fue una fría noche de Invierno, cuando unas personas que nunca había visto me llevaron a la fuerza a mis hermanos y a mí. Tuve miedo porque no me trataron bien. Al día siguiente fuimos a cazar. Corría liebres sin descanso. Al día siguiente igual. No me encontraba bien. Había pasado frío esa noche y apenas había comido, así que mis esfuerzos ese día por correr detrás de mi presa fueron inútiles. Allí me dejaron, en medio de la nada, desorientado y sin saber dónde ir.  


Después de varias semanas deambulando me encontraron. Estaba deshidratado. Apenas había comido y bebido en esos días. Había pasado mucho frío. Mis heridas de aquel día de cacería estaban infectadas, por fin había acabado mi calvario, pero otro estaba apunto de empezar....

Me llevaron a una protectora. Allí me curaron, cuidaron y mimaron hasta que me recuperé. Después unos nuevos dueños vinieron a por mí. Ellos pusieron todo de su parte para que estuviera lo mejor posible. Me daban cariño y la mejor comida, pero mi alma estaba triste. Echaba de menos a mi dueño, que tantas horas me dedicó. Que lo vi llorar de emoción y que me hacía feliz cada vez que iba al campo o corría liebres. Ahora me encuentro en un piso, salgo poco tiempo y cuando lo hago solo veo coches y casas. Siempre voy amarrado. Me han privado de mi mayor tesoro, que es mi instinto y mi libertad. No los culpo, quizás su ignorancia hace que me traten como a un perro cualquiera. No soy un perro cualquiera, añoro mi libertad y correr detrás de mi presa. Cerraré los ojos y viviré de recuerdos....


El galgo puede adaptarse a la ciudad, pero no es su medio natural. La naturaleza del galgo es correr detrás de una liebre, pero si el motivo de tener un galgo es otro, al menos no vayas en contra de su instinto. La libertad es su felicidad.

El robo de galgos es la mayor lacra que tenemos los aficionados al mundo del galgo. Algunos galgueros han dejado la afición por este motivo. Otros tardan en recuperarse de un dolor que parte el alma. Cientos de galgos robados año tras año. Ilusiones perdidas. Sueños rotos. Cuando veas un galgo abandonado, piensa que una persona puede estar llorando su pérdida. Cuando veas un galgo abandonado, desnutrido y herido, piensa que una persona no pierde la esperanza en encontrarlo. Cuando veas un galgo abandonado, antes de juzgar a un colectivo, piensa que puede ser robado. Como dice la canción: No hay castigo en este mundo para aquel que roba un perro....

 

Autor: Juanca         http://miblogdegalgos.blogspot.com.es/

 

 

 

 

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